Se refiere a algo de una excelencia, elevación o grandeza tan extraordinaria que causa asombro, veneración o una profunda conmoción estética. En contextos artísticos, describe aquello que trasciende la belleza convencional por su magnitud o intensidad.
Proviene del latín *sublimis*. Este término es un compuesto de la preposición *sub* ("debajo") y el sustantivo *limen* ("umbral" o "límite"). Etimológicamente, significa "que llega hasta el umbral" (específicamente, el umbral superior o el dintel).
En la antigüedad clásica, el concepto fue popularizado por el tratado *Sobre lo sublime* (atribuido a Longino), que definía esta cualidad como la capacidad de un discurso para elevar el espíritu y conmover profundamente al oyente. Durante el Romanticismo (siglos XVIII y XIX), el término adquirió una dimensión filosófica fundamental gracias a pensadores como Edmund Burke e Immanuel Kant. Para ellos, lo sublime no era la belleza armónica, sino la experiencia de lo vasto, lo terrible o lo infinito (como una tormenta o un abismo) que, aunque nos hace sentir pequeños, nos permite experimentar la grandeza de la razón humana.
* Inglés: *Sublime*
* Francés: *Sublime*
* Italiano: *Sublime*
* Alemán: *Erhaben* (que literalmente significa "elevado" o "exaltado", capturando la esencia del concepto kantiano).