El verbo tener denota la posesión, propiedad o retención de algo, ya sea un objeto material, una cualidad, una relación o un estado físico/mental.
Proviene del latín *tenēre*, que significa "sujetar", "mantener", "poseer" o "contener". Este verbo deriva de la raíz indoeuropea *ten-*, que significa "estirar" o "tender". La conexión semántica es clara: para "tener" algo, originalmente se requería "tender" la mano o "sujetar" el objeto con firmeza.
En el latín clásico, *tenēre* coexistía con *habēre* (haber). Con el paso del tiempo, en el latín vulgar y posteriormente en las lenguas romances, *tenēre* fue desplazando a *habēre* en su función de verbo de posesión. Mientras que en español *haber* quedó relegado principalmente a ser un verbo auxiliar, *tener* se consolidó como el verbo principal para expresar posesión, desplazando incluso a *habēre* en gran parte de la península ibérica y América.
* Portugués: *ter*.
* Catalán: *tenir*.
* Francés: *tenir*.
* Italiano: *tenere* (aunque en italiano, *avere* —del latín *habēre*— sigue siendo el verbo principal para la posesión, mientras que *tenere* se usa más para "sujetar" o "mantener").
* Rumano: *ține*.
La evolución de *tenēre* es un ejemplo fascinante de cómo un verbo de acción física ("sujetar") se convirtió en el pilar fundamental para expresar la posesión abstracta en la mayoría de las lenguas neolatinas.